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Estados Unidos se prepara para un ataque espacial chino

La competencia espacial entre Estados Unidos y China dejó de ser solo una carrera tecnológica para convertirse en un terreno potencial de conflicto militar. Con la creciente inversión de ambas potencias en defensa espacial, la pregunta ya no es si ocurrirá una confrontación, sino cuándo y cómo podría desencadenarse.

Esquema de misil espacial.

La acelerada expansión de China en el ámbito militar espacial encendió las alarmas en Washington. El gigante asiático no solo demostró su capacidad para destruir satélites con misiles antisatélite (ASAT), sino que también avanza en tecnologías de interferencia electrónica, armas de energía dirigida y satélites “inspector” que podrían acercarse a activos críticos en órbita.

Ante esta amenaza latente, Estados Unidos no solo fortalece su infraestructura defensiva en el espacio, sino que también se prepara activamente para un posible ataque, evaluando las tácticas y tecnologías que podrían utilizarse para neutralizar sus sistemas estratégicos.

A continuación, exploraremos las principales medidas que el Pentágono adoptó para blindar sus activos orbitales frente a una potencial agresión china.

La inversión del Pentágono: Blindando el cielo

En el presupuesto de defensa para 2025, el Departamento de Defensa de Estados Unidos asignó US$ 25.200 millones a la Fuerza Espacial (U.S. Space Force), con un enfoque particular en la protección de activos estratégicos en órbita.

Además, la Fuerza Espacial solicitó al Congreso más de US$ 1.000 millones adicionales para proyectos clasificados de alta prioridad, reforzando aún más la capacidad de defensa espacial estadounidense.

Sistemas de Detección de Amenazas del Departamento de Defensa norteamericano

Entre las tecnologías clave necesarias para la vigilancia continua y en tiempo real en el entorno espacial, se destacan dos sistemas fundamentales.

Overhead Persistent Infrared (OPIR)

Esta nueva generación de satélites de alerta temprana es capaz de detectar lanzamientos de misiles balísticos en tiempo real. Opera en el ámbito de la Vigilancia Global y la Defensa Estratégica, brindando una respuesta inmediata ante posibles ataques.

Su diseño se basa en sensores infrarrojos de alta sensibilidad que permiten monitorear vastas áreas de la superficie terrestre y detectar fuentes de calor generadas por motores de misiles en ignición.

Fabricado por Lockheed Martin, el programa cuenta con una inversión de US$ 14.000 millones en su desarrollo y despliegue, destacándose por su capacidad para integrarse con sistemas de defensa antimisiles y plataformas de comando y control del Departamento de Defensa.

El primer satélite GEO de próxima generación OPIR de Lockheed Martin se encuentra en fase de pruebas antes de su lanzamiento previsto para 2025.

Space-Based Infrared System (SBIRS)

El SBIRS es un sistema satelital que proporciona una cobertura global continua, esencial para la vigilancia y la detección de amenazas emergentes en el espacio.

Al igual que el OPIR, el SBIRS utiliza sensores infrarrojos, pero su principal ventaja es su capacidad para rastrear misiles y objetos espaciales con un margen de error extremadamente bajo.

El sistema es operado desde satélites en órbita geoestacionaria y órbita terrestre baja, ofreciendo una combinación de monitoreo a largo plazo y una respuesta rápida a eventos críticos.

También desarrollado por Lockheed Martin, este sistema recibió una inversión de US$ 19.000 millones, lo que refleja su importancia estratégica para la defensa nacional.

Ejemplar del sistema SBIRS en integración en una facilidad de Lockheed Martin.

El proyecto “Guardianes Celestiales”: El domo de hierro espacial de Estados Unidos

Uno de los proyectos más ambiciosos es “Guardianes Celestiales”, un sistema de defensa espacial, comparado con el Domo de Hierro israelí, adaptado al entorno orbital.

Este sistema buscaría desplegar aproximadamente 1.900 interceptores de misiles en órbita baja, a unos 500 km de altitud. Su objetivo sería interceptar y neutralizar misiles balísticos intercontinentales (ICBM) en su fase de ascenso, antes de que abandonen la atmósfera terrestre.

El proyecto podría utilizar tecnologías avanzadas como sistemas láser dirigidos desde satélites, interceptores cinéticos y una red de sensores avanzados integrados con sistemas OPIR y SBIRS.

Aunque sigue en fase de evaluación, es probable que este proyecto esté siendo desarrollado por un consorcio de empresas liderado por Northrop Grumman, Raytheon y Boeing, con un presupuesto estimado que podría oscilar entre US$ 370.000 millones y 1,2 billones.

El Departamento de Defensa trabaja en estrecha colaboración con SpaceX para garantizar que Starlink pueda operar incluso en escenarios de interferencia o ciberataques.

Para lograrlo, se han implementado tecnologías de cifrado avanzado y protocolos de comunicación resilientes, capaces de redirigir automáticamente el tráfico de datos en caso de un ataque.

Además, el sistema GPS, vital para la navegación y la sincronización global, está siendo reforzado con tecnologías anti-spoofing, que permiten identificar y descartar señales falsas. Se están desarrollando sistemas de respaldo, como el proyecto NTS-3 (Navigation Technology Satellite-3) de L3Harris Technologies, que podría actuar como un sustituto temporal del GPS en caso de una interrupción masiva.

Las inversiones en estas áreas superan los US$ 3.000 millones, para garantizar la continuidad operativa de estas constelaciones críticas ante cualquier tipo de amenaza.

Esquema del NTS-3 de L3Harris Technologies.

¿Hacia una Guerra Espacial o una Disuasión Efectiva?

Altos funcionarios de la Fuerza Espacial fueron claros: “El espacio es un dominio de guerra, y debemos estar preparados para defender nuestros activos”.

Esta declaración refleja la creciente preocupación de que otras potencias espaciales, entre las que se destaca China, con su capacidad demostrada en pruebas antisatélite, pueda intentar neutralizar las ventajas estratégicas de EE. UU. en el espacio.

Si bien la retórica puede sonar alarmante, la preparación de Estados Unidos también actúa como una medida disuasoria. Al mostrar su capacidad para proteger sus satélites y responder ante cualquier agresión, el gigante norteamericano busca evitar que la situación llegue al punto de un conflicto abierto.

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