La Inversión Extranjera Directa (IED) en 2024 registró su peor desempeño en toda la historia, alcanzando ingresos netos de apenas USD89 millones, de acuerdo con datos del Banco Central de la República Argentina que se remontan al 2003. Durante el año de implementación del RIGI hasta noviembre, se habían acumulado ingresos netos de USD784 millones; sin embargo, una repatriación masiva de capitales del sector energético en diciembre invirtió la tendencia, generando una salida neta de USD695 millones en ese mes.
Un informe de Vectorial alertó que la aprobación del RIGI aún no ha tenido un impacto significativo en el mercado de cambios, señalando que la IED aportó un promedio de USD71 millones mensuales entre enero y noviembre, cifra similar a la de 2023, cuando se registraron USD76 millones mensuales. Sin embargo, el flujo negativo de USD696 millones de diciembre, producto de las repatriaciones en el sector energético, marcó un punto histórico.

De cara al 2025, se vuelve urgente que el gobierno incentive el ingreso de inversión privada para reactivar una cuenta corriente que ha quedado seriamente afectada.
Los picos de IED se concentraron en años como 2008, 2011 y 2012, cuando los ingresos netos alcanzaron USD3.633, USD3.515 y USD3.744 millones, respectivamente. Durante la administración de Cambiemos, la inversión extranjera fue apuntalada para sostener un balance cambiario que entre 2016 y 2018 se mantuvo persistentemente en rojo, aunque nunca superó los USD3.000 millones anuales. La situación se deterioró aún más entre 2020 y 2023, en medio del cepo, culminando en el histórico piso de 2024.
¿Podrá revertirse esta situación?
El régimen RIGI ha generado promesas de inversiones a mediano y largo plazo que ascienden a algo más de USD10.000 millones, abarcando proyectos de distintos plazos: desde iniciativas a corto plazo, como el oleoducto en Río Negro, hasta proyectos de mayor envergadura, como un buque de licuefacción cuya inversión se proyecta en torno a los USD3.000 millones, con ejecución prevista desde 2027 hasta dentro de diez años.
Para Emmanuel Álvarez Agis, director de PxQ, la inversión en forma masiva solo se materializará una vez que se elimine el cepo. Según Álvarez Agis, si se logran crear las condiciones necesarias para el pleno desarrollo del agro, Vaca Muerta, la minería tradicional y el litio, es probable que el actual tipo de cambio se considere “caro” o “adelantado”.

Por su parte, Misión Productiva destacó que, bajo el marco del RIGI, se han sumado proyectos orientados a la exportación, como el oleoducto Vaca Muerta Sur, impulsado por las principales empresas del sector, entre ellas YPF. No obstante, subrayaron la importancia de contar con una política activa que incentive los encadenamientos productivos, ya que la falta de requisitos que aseguren el derrame de inversión en la producción local genera incertidumbre sobre la efectividad de estas medidas.
En sectores como la minería o los hidrocarburos, la ausencia de una planificación industrial que fomente la integración de estas inversiones podría traducirse en una lógica de enclave con escasa agregación de valor y bajos niveles de empleo, por lo que es crucial que cualquier régimen de incentivos contemple mecanismos que favorezcan la integración de las inversiones con la producción local y el desarrollo de proveedores nacionales y empleo.
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